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Nº 22 Vol 22 · Monográco especial, marzo 2020 págs. 196 a 213
1. Introducción
La ciudad, como sistema vivo y, a su vez,
permanente, es un inmenso laboratorio en el
que se pueden realizar estudios e investigacio-
nes de muy diverso calado y perfil. Se trata de
un contexto que, siguiendo a Gorelik y Arêas
(2016), muestra una dinámica cultural y una
permanente acción comunicacional, inmensa
e inabarcable en sus múltiples manifestaciones.
Su conocimiento, si lo centramos únicamente
en el entorno social y cultural, puede abordarse
desde diferentes puntos de vista, susceptibles
de ser enmarcados en las diferentes discipli-
nas de origen, es decir, «desde la perspectiva
geográfica, histórica, social, política, artística,
económica, religiosa, etc» (Cambil, 2015, pp.
297-298). Sin embargo, en este trabajo se incide
especialmente en las conexiones existentes entre
la gestión de un aspecto tan concreto del espacio
público y su dimensión comunicativa, amplian-
do al propio contexto urbano la potencialidad
para el desarrollo de una «acción comunicativa»
permanente, ya que resulta indudable la contri-
bución del patrimonio público para el impulso
de una mirada por parte de la ciudadanía.
Se trasciende la idea de subjetividad, constitu-
yendo una sólida aportación para los principios
y valores compartidos, siguiendo algunas claves
del análisis de los medios de masas realizado por
Habermas (1981). La ciudad es un entorno de
una indudable influencia masiva, por lo que este
trabajo profundiza en la idea de lo público y el
patrimonio urbano como espacio social, cargado
de valores y que responde siempre a una sustan-
cia ideológica. Hay que conocer todo eso para
definir y mejorar la marca de una ciudad. En
este sentido, tal y como se puede afirmar sobre
el propio discurso mediático contemporáneo,
se parte de la necesidad de prestar atención a
los riesgos de un perspectivismo relativista y
una desideologización de los valores (Sánchez
Noriega, 1998, p. 29). Siempre hay ideología y
siempre se pueden identificar los rasgos princi-
pales de la identidad. En este caso, lo que están
vinculados a la mujer.
Este trabajo plantea la ciudad y su patrimonio
público como un «universo visual», aplicando
la terminología del semiótico A.J. Greimas, que
reconocía en el entorno la fragmentación en mi-
crouniversos tecnológicos e ideológicos (1987,
p. 195), y artísticos, como son, en definitiva,
las obras analizadas. Sin embargo, el análisis
de la imagen no se entiende, en el marco de la
investigación, como un estudio formalista de
lo visual (Villafañe y Mínguez, 1996; Aparici y
García Matilla, 2008), que estaría presente en
una primera aproximación a las esculturas, sino
como su acepción más vinculada a la dimensión
corporativa e institucional, es decir, conside-
rando la imagen como «… la integración en la
mente de los públicos de todos los inputs emi-
tidos por una empresa en su relación ordinaria
con ellos», siguiendo la definición de Villafañe
(2011, p. 30).
Esa vertiente corporativa se aplica, por tan-
to, al patrimonio público, en el que no existe
una relación cotidiana de más intensidad que la
propia percepción de las personas que caminan
por la ciudad, prestando más o menos atención
a las esculturas analizadas, pero percibiéndolas
claramente como parte del entorno, además de
interactuar con ellas. Esas esculturas, en resu-
men, forman parte de la imagen corporativa de
la propia ciudad de Granada, si bien es verdad
que lo hacen dentro de un contexto mucho más
amplio, diverso y complejo de imagen de marca,
en el que entra en juego la gestión de intangibles,
en la integración de conceptos como «… el sim-
bolismo, el significado, el discurso emocional,
los mensajes, la identidad, la personalidad, la